sábado, enero 08, 2011

BRINDEMOS POR MI CUBA PERFECTIBLE, PERO SIEMPRE SOLIDARIA Y SOCIALISTA


Señor Vicepresidente de la República
Señor Presidente de la Asamblea Legislativa
Señor Ministro de Relaciones Exteriores
Excelencias, Compañeras y compañeros
Hermanas y hermanos salvadoreños
Amigos todos
 Las costumbres salvadoreñas comienzan a abrirse paso en este pedazo de tierra cubana en tierras guanacas y por ello hemos roto nuestras prácticas para escuchar los himnos nacionales de Cuba y El Salvador y pronunciar estas palabras que nos han solicitado.
Se cumplieron el Primero de Enero 52 años del triunfo de la revolución cubana y de la culminación de una etapa de luchas que duró casi cien años, para que el pueblo cubano pudiera alcanzar su definitiva independencia, libertad, y disfrutara del goce pleno de todos sus derechos.
 A partir de ese instante, comenzó a hacerse realidad el deseo de José Martí de que la nueva República se construyera sobre la base del culto a la dignidad plena de todos los cubanos, sin razas ni diferencias, con todos y para el bien de todos.
 El pueblo al que me honro de pertenecer y representar ante ustedes ha recorrido más de medio siglo de esfuerzos heroicos para rescatar y reconstruir un país que estaba destinado a transformarse en el principal destino del crimen, la droga, el lavado de dinero y el hedonismo  del Caribe, mientras sus campos eran arrasados y sus hijos amanecían muertos todos los días por decenas en la orilla de los caminos y los rincones de las ciudades.
 Ese mismo pueblo supo un día levantarse de sus miserias y tuvo suficiente madurez y coraje para hacer una opción de vida que, no por diferente a la de otros, merecía menos respeto. Por ello, fue asediado, perseguido, difamado, bloqueado y acosado con el terrorismo más feroz.
 Más de mil millones de dólares en daños materiales (dicho a precios constantes, o si quiere, más de 700 mil millones de dólares, dicho a precios de los años sesentas) y 5577 cubanos víctimas directas del terrorismo de Estado practicado contra Cuba constituyen el alto precio que hemos debido pagar por no bajar la cabeza, por no pedir permiso para ser lo que somos y queremos ser, por no permitir la más mínima sombra a nuestra condición de país libre y soberano.
 Hemos trabajado como abejas y a veces como titanes: levantamos y hemos sostenido contra viento y marea una economía que, a pesar de sus debilidades intrínsecas, de nuestros errores, de la coyunturas internacionales adversas y del cruel y prolongado bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, le grita todos los días a los incrédulos que otro mundo es posible. Una economía que lleva 16 años de crecimiento constante y que hoy se propone una actualización a tenor de los tiempos que vivimos, para que se consolide nuestra pendiente emancipación económica.
 Hemos sembrado frenéticos ideas, hemos soñado iluminados como poetas, hemos sufrido como monjes peregrinos curando el dolor de otros y hemos delirado como los antiguos descubridores para proveer a nuestro pueblo de unos de los más formidables e integrales sistemas de educación, cultura, salud y ciencia que hoy pueden hallarse en nuestro querido planeta, de todo lo cual pueden ser hoy blasones los médicos cubanos que enfrentan el embate del terremoto y el cólera en Haití, y el 4.5% de mortalidad infantil alcanzado al 31 de diciembre, de los cinco más bajos del mundo.
 Hemos defendido como leones a nuestra tierra de las agresiones externas, de los mercenarios locales y foráneos; hemos protegido como el más preciado tesoro nacional el invaluable consenso y unidad nacionales que son el principal sostén de nuestra soberanía. Y hemos honrado como pocos la vocación democrática de nuestra revolución al no adoptar jamás ninguna decisión trascendente sin antes consultarla, discutirla y razonarla con el pueblo.
 Gracias a ello y duélale a quien le duela, este año conmemoraremos varias fechas de gloria: el cincuentenario de la proclamación de Cuba como el primer territorio libre de analfabetismo de todas las Américas; el medio siglo del día que el pueblo juró salir a combatir en defensa de su Patria y del socialismo si era agredido militarmente y los diez lustros de haberlo demostrado con su propia sangre en las arenas de Playa Girón.
 Pero todo esto no sería más que egoísmo y vanidad si lo hubiéramos hecho solo por nosotros. Bien sabíamos los cubanos desde muy temprano y por José Martí, que nuestra Patria era la humanidad y que, hijos de América al fin, a ella nos debíamos. Por eso, todo cuando hemos alcanzado ha estado a la disposición de millones de seres humanos en todo el planeta. Ser internacionalistas ha sido el modo de saldar nuestra deuda de gratitud con la humanidad, como ha dicho Fidel Castro, ese cubano faro en cuyo tiempo hemos tenido la dicha de vivir.
 El Salvador, la patria telúrica de doscientos años, hecha del maíz, la sangre y los sueños de sus hijos, de la que hará pronto también cincuenta años un día nos quisieron separar, y que nunca nos dejó solos, tiene suficientes evidencias de todo lo que los cubanos hemos sido capaces de hacer por nuestros hermanos de Latinoamérica y el Caribe.
 Quienes en distintas épocas y desde cualquier orilla trataron –y tratan aún- de enconar odios y diferencias entre nosotros, de poner fuego donde otro poníamos bálsamo, ¡y peor aún y con ese mismo propósito!, sembrar división y enfrentamiento entre sus propios semejantes para dañar a Cuba y ahogar a sus pueblos, han sido barridos y serán barridos por el tiempo y nuestros empeños.
 Pero serán barridos también por un comercio fabuloso que irá creciendo, por médicos y medicinas que irán y vendrán, por medallas deportivas salvadoreñas conquistadas con el apoyo de entrenadores cubanos, por parlamentarios y representantes de la sociedad civil que viajan, se conocen, se ponen de pie y se saludan, por las lecciones de historia y dignidad que los cubanos aprenderemos al pie de estos volcanes y los salvadoreños encontrarán a la sombra de nuestras palmas reales.
 No lo duden: desde hace mucho, desde siempre, como Roque, como ustedes, también dos patrias tengo yo. O dicho con palabras de José Martí: para ustedes, nosotros no somos aquí más que el corazón de Cuba, en donde caben todos los cubanos.
 Solo quiero añadir algo: hoy deberían estar aquí y en Cuba, con nuestro pueblo, cinco cubanos que por luchar contra el terrorismo en el lugar donde los terroristas andan libres y siguen lanzando amenazas contra Cuba, guardan desde hace doce años cruel e injusta prisión, acusados de cargos que la fiscalía retiró por improbables y falsos. El Presidente de Estados Unidos puede borrar la mancha de ignominia que ha caído sobre el sistema judicial de su país con solo firmar su liberación, pero  no lo hace y hay que exigírselo.
 Esos cinco cubanos han sido aislados y torturados en las cárceles del país que se proclama paladín de los derechos humanos y de la lucha mundial contra el terrorismo. Pero esos cinco hermanos míos no han sido derrotados. Son simbólicamente las cinco puntas de la estrella que anida orgullosa y solitaria en el corazón de nuestra bandera y que jamás será dividida ni apagada.
 Brindemos por ellos y por su justa libertad.
 Brindemos por mi Cuba perfectible, pero siempre socialista y solidaria.
 Brindemos por los ausentes y los presentes que nos legaron este camino hermoso de amor y sacrificio, y por los que han de nacer para proseguirlo con lealtad y aún mayor ingenio.
 Brindemos por la bicentenaria patria salvadoreña y su pueblo noble, esforzado y heroico, que nos ha defendido tanto, como ha luchado el mismo por su propia justicia, paz y derechos.
 Y brindemos martianamente por el nuevo año, convencidos de que nuestras virtudes primarán sobre nuestros defectos.
 ¡Viva Cuba Libre!

Palabras pronunciadas en la recepción por el 52 aniversario del triunfo de la Revolución, San Salvador, 7 de enero de 2011.

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