domingo, agosto 16, 2020

VENIMOS A CELEBRAR LA VIDA Y EL LEGADO DE UN INMORTAL, DE UN INVENCIBLE.

La presentación del libro Fidel Castro en la memoria argentina ha sido parte de un programa de muchas más actividades celebradas en los últimos días y durante la jornada de hoy, aquí en la Argentina y en muchos otros lugares de Nuestra América y del mundo, y por supuesto, en nuestra Patria. Son actividades de fiesta. No venimos a hablar de un muerto. Venimos a celebrar la vida y el legado de un inmortal, de un invencible. Un hombre que nos enseñó que la vida solo tenía sentido si luchábamos, si trabajábamos, si éramos ejemplo, si creíamos que no había adversario grande ni pequeño, porque a todos los podíamos derrotar siempre que estuviéramos persuadidos de la fuerza, del valor de nuestras ideas, y si éramos capaces de defenderlas en toda circunstancia; si persistíamos y éramos leales más allá de cualquier dificultad o coyuntura.

Palabras pronunciadas en la presentación virtual del libro Fidel Castro en la memoria argentina, Buenos aires, 13 de agosto de 2020

Buenas tardes, casi buenas noches. Les agradezco a Fernando [Darío Roperto][1], Julio [Ferrer[2]], a Héctor [Bernardo[3]], a Abel [Prieto[4]], a Stella [Calloni[5]] y a todos los amigos de Fidel que nos acompañan en esta hora en todas las redes sociales.

Lo primero que me vino a la mente cuando me enfrenté al libro Fidel Castro en la memoria argentina fue una eclosión de sentimientos y recuerdos que sacaron algo que estaba en lo más hondo de mi memoria, en mi infancia, en momentos en que había aprendido a leer, y es un poema de Nicolás Guillén que dice:

Como si San Martín la mano pura
a Martí familiar tendido hubiera,
como si el Plata vegetal viniera
con el Cauto a juntar agua y ternura,

así Guevara, el gaucho de voz dura,
brindó a Fidel su sangre guerrillera
y su ancha mano fue más compañera
cuando fue nuestra noche más oscura…

Estos versos de Guillén aprendidos en mi infancia, me han acompañado siempre, y puesto ante la responsabilidad de representar a Cuba en la Argentina, me traen siempre presente el vínculo extraordinario de sentimientos de pueblo a pueblo que animan a nuestros dos países, y que se recogen en las valoraciones y en la investigación que culminó en esta obra.

El libro, como decía Abel, es una contribución a la permanencia de Fidel en el tiempo, porque para todos nosotros, los que conocimos a Fidel, los que lo conocieron más de cerca, los que lo conocieron a través de la televisión y la radio, las planas de los periódicos, ha sido un privilegio inmenso vivir en el tiempo de Fidel.

Cuando Abel se refería a los políticos que han pasado por nuestro tiempo sin dejar huellas, yo decía: bueno, y ¡qué suerte la de los que hemos pasado por el tiempo de Fidel! Recordaba también que, si esto es posible, es porque Fidel, durante toda su vida, fue un hombre muy consecuente con todo aquello en lo que creyó, en lo que se formó en lo que se educó. Una formación que, como decía Stella, es de profunda inspiración martiana, nutrida del pensamiento latinoamericanista de avanzada, de las ideas más revolucionarias de su época, del marxismo leninismo; pero que tenía en su base, en su raíz más profunda, las ideas de José Martí.

Eso es algo que se puede encontrar en este libro; la permanente alusión a la manera enfebrecida con que Fidel defendía ese aprendizaje martiano, en especial la necesidad de la unidad, de la unidad para vencer, la unidad para avanzar, la unidad para construir, la unidad en la diversidad. Siempre, en cualquier circunstancia y por encima de todas las diferencias, salvar todo lo que nos une.

Habiendo tenido la oportunidad de haber asistido a la toma de posesión el pasado 10 de diciembre como integrante de la delegación cubana, yo me decía cuán feliz habría estado Fidel de esa fiesta de unidad que constituyó la victoria que el pueblo argentino alcanzó en el año 2019, y llevó al poder al gobierno actual con la consigna de #ArgentinaUnida. Para mí eso fue un momento de profunda emoción.

Luego está otro aprendizaje clave en Fidel que es el de luchar, luchar siempre, luchar sin cesar, que es el que nos ha acompañado a los cubanos a lo largo de sesenta años, en la lucha contra el cruel bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos, que ha pretendido rendirnos por hambre, enfermedades y miseria; despojando al país de recursos de todo tipo para que el gobierno no pueda cumplir con su deber de contribuir a proveer el bienestar que  pueblo de Cuba merece y al que tiene derecho.

Ni siquiera tenemos que ir a los orígenes del bloqueo. Ni siquiera hay que ir al infame memorando de Lester Mallory en el año 1960, cuando recomendaba que la única manera que tenían [los Estados Unidos] de derrocar el gobierno cubano, era privándolo de recursos y causando hambre, miseria y desesperación para que el pueblo derrocara al gobierno.

Búsquense las declaraciones cínicas de hoy del Subsecretario de Estado Michel Kozack, en la misma cuerda, palabras más, palabras menos, de rendir por hambre, por necesidades, por miseria al pueblo cubano. Ese es el verdadero rostro del bloqueo y es contra lo que nos enseñó a lucha Fidel. Y eso es lo que más le duele a nuestros adversarios; que no nos hemos rendido, que no nos hemos doblegado, y que hemos persistido en la persecución de nuestros objetivos.

En el año 1993, cuando ya habían desaparecido la Unión Soviética y el campo socialista; cuando Cuba había perdido el 83% de su comercio exterior, de todas sus relaciones económicas internacionales; cuando el producto interno bruto cubano se había desplomado en un 36%; en una de las tantas reuniones de los órganos de dirección del país, tratando de entender la resistencia y conducir al país, Raúl Castro se dirigió a los dirigentes, algunos de los cuales se hacían preguntas sobre cómo resolver esto o lo otro, cuando el país estaba en el fondo del pozo, en el fondo del período especial

Y Raúl dijo: cuando se vean en situaciones como esta, cuando piensen que no hay ningún camino, ninguna alternativa; cuando piensen que todo se ha cerrado, pregúntense cómo lo habría hecho a Fidel, y tendrán ahí la respuesta, tendrán ahí la clave para enfrentar el desafío.

Eso es lo que se ha hecho en Cuba en este momento ante tan gran desafío, ¡de tamaño planetario!, pero que atañe a Cuba también, de la pandemia de COVID-19.

Gracias a esa siembra de Fidel, a esa educación de Fidel, y no solo a las ideas de resistencia, de lucha, de confianza en la victoria, sino también a la visión de crear un país de hombres de ciencia, de educar a los cubanos, de sembrar cultura, valores e ideas, el país se enfrentó a la pandemia, no a improvisar soluciones, sino con un modelo de gestión de la crisis generada por la pandemia, que ya había sido estudiado, entrenado y puesto a prueba para otras actividades en el país: para defendernos en primer lugar, y en segundo lugar para enfrentar huracanes o terremotos –para todo lo cual los cubanos hemos adquirido una buena base, una preparación.

Eso es lo que ha permitido los resultados que podemos exhibir modestamente y a los cuales se referían generosamente algunos compañeros de manera previa. Ese pensamiento en todos nosotros de cómo lo habría hecho Fidel, es el que nos ha llevado a actuar en estas circunstancias con responsabilidad, con previsión; a priorizar los distintos aspectos que deben ser priorizados en la atención de salud, en la economía, en la producción científica, sin la cual –una de las joyas de la creación de Fidel- a Cuba le habría sido muy difícil enfrentar la pandemia, porque justamente en estos meses una de las acciones más criminales de Estados Unidos ha sido impedir la llegada a Cuba de respiradores, de recursos para producir medicamentos, entre otras acciones de bloqueo.

Hay otro elemento sin lugar a dudas asociado a lo anterior, y que es otro legado de Fidel, que tuvo un momento cenital en aquel inolvidable acto en la escalinata de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, la noche del 26 de mayo de 2003, cuando Néstor [Kirchner] había llegado a la presidencia del país. En aquel inolvidable discurso, Fidel dijo algo que no olvidamos, unas expresión fruto de sus más profundas convicciones, cuando bombardeaban a Iraq y a otros estados en medio de la enfermiza guerra contra el terrorismo, lanzada por el gobierno de Bush.

Fidel dijo aquella frase de “¡Médicos y no bombas!”, y que Cuba estaba dispuesta a enviar no bombas, sino médicos, a todos esos oscuros lugares del planeta.

Bueno, al cabo de 17 años Cuba ha honrado aquel compromiso. Decenas de miles de cubanos, profesionales de la salud, han servido en decenas de países. Hoy mismo, cuando estamos reunidos en este encuentro, hay 45 brigadas médicas del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve” en 43 países, mientras que otros grupos de médicos cubanos continúan su labor en un total de 68 países del planeta. Estamos hablando de más de 30 mil profesionales de la salud que en estos momentos brindan sus servicios en los más increíbles lugares del mundo, en todos los continentes, en Europa, en Asia, en África, en el Medio Oriente y, por supuesto, en América Latina y el Caribe.

Muchas veces me han preguntado en estos meses de pandemia por la presencia de los médicos cubanos en Argentina. Yo, con absoluta responsabilidad y con muchísimo orgullo puedo decir que hay 1068 médicos cubanos en Argentina. Mil sesenta y ocho médicos cubanos que nacieron en Argentina, pero que se formaron como profesionales de la salud con vocación de servicio y de salvar vidas, y no de comerciar con ellas, en la escuela de salud cubana. En estas jornadas terribles de la pandemia ellos han unido sus esfuerzos con sus compañeros formados en las universidades públicas argentinas y han hecho verdaderas hazañas, muchas veces arriesgando su vida en toda la geografía argentina.

Esos 1068 médicos cubanos argentinos son también una vindicación de la permanencia del legado, del valor de las ideas de Fidel y de su visión. Y son también una expresión del valor de la solidaridad y de la cooperación a las que estamos especialmente convocados en este tiempo, a las que nos convocan las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud. Solidaridad y cooperación que, visionariamente, Fidel vio como únicas formas de relacionarse y convivir en un mundo intensamente interdependiente e interconectado.

Esta presentación del libro ha sido parte de un programa de muchas más actividades celebradas en los últimos días y durante la jornada de hoy aquí en la Argentina y en muchos otros lugares de Nuestra América y del mundo, y por supuesto, en nuestra Patria, en homenaje a Fidel.

Estas actividades son de fiesta. No venimos a hablar de un muerto. Venimos a celebrar la vida y el legado de un inmortal, de un invencible. Un hombre que nos enseñó que la vida solo tenía sentido si luchábamos, si trabajábamos, si éramos ejemplo, si creíamos que no había adversario grande ni pequeño, porque a todos los podíamos derrotar siempre que estuviéramos persuadidos de la fuerza, del valor de nuestras ideas, y si éramos capaces de defenderlas en toda circunstancia; si persistíamos y éramos leales más allá de cualquier dificultad o coyuntura.

Al agradecer por esta convocatoria y por esta obra extraordinaria, estoy convencido de que las futuras generaciones de argentinos, cubanos y latinoamericanos agradecerán extraordinariamente su publicación. Por ello, quisiera convocar las palabras con las que el presidente Miguel Díaz-Canel se despidió del pueblo argentino durante su corta visita a Buenos para la toma de posesión del presidente Alberto Fernández y de la vicepresidenta Cristina Fernández, también en un acto multitudinario en la querida Universidad de Buenos aires, que está a punto de cumplir su bicentenario:

“¡Que lo sepan los imperialistas y los oligarcas: no hay fuerza en este mundo que pueda separar a nuestros pueblos. No hay fuerza en este mundo que pueda separar a Cuba y a Argentina!” 

Ese espíritu que está en el legado de Fidel ha sido recogido en este libro, que es una demostración de que no hay ni habrá fuerza capaz de separarnos.

Muchísimas gracias.



[1] Editor responsable de Acercándonos Ediciones. Actuó como moderador del foro.

[2] Periodista, escritor y docente argentino. Es miembro del Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba (CAPAC).

[3] Periodista y comunicador argentino. También es analista de política internacional, consultor de la Cancillería de ese país y colaborador de medios internacionales.

[4] Ensayista y escritor cubano. Presidente de Casa de las Américas. Fue Ministro de Cultura y Presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

[5] Periodista e intelectual argentina. Sus trabajos de investigación periodística le han merecido numerosas premios. Fundadora de la Red de Artistas e Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

Puede accederse al Foro íntegro en https://www.youtube.com/watch?v=dCUlTljiBh0

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