Las
condecoraciones del pasado 1 de mayo a un grupo de cubanos laboriosos e
ilustres, dejó ver, entre la fila de héroes, a un dirigente político: Lázaro
Fernando Expósito Canto. No es usual ese reconocimiento. Quienes le precedieron
habían labrado previamente un camino de luchas revolucionarias por la conquista
del poder de los trabajadores que acreditaba su condición, o realizaron un trabajo
tan denodado y público en los años fundacionales de la Revolución que
reconocerlos era inobjetable.
Mi
primer recuerdo de nuestro encuentro de niños, fue cuando su padre y el mío nos
llevaban a aprender natación en las piscinas del parque Martí. En realidad la
amistad familiar venía de antes, cuando nuestras madres fueron compañeras de
aula en la Escuela Normal de Maestros de La Habana, o quizás desde tiempos
anteriores, cuando nuestras respectivas abuelas maternas compartían taquilla y
acomodación en el cine Alameda.