jueves, agosto 28, 2025

SILVIO, HUMANISTA, LITURGICO Y UNIVERSAL

Para el quizás más agnóstico y a la vez más ecuménico de los creadores cubanos, el trovador Silvio Rodríguez, debe resultar una sorpresa conocer que su música mayorea en los altares de la parroquia de la Santa Cruz una iglesia porteña que ocupa un lugar relevante en las luchas por los derechos humanos de los argentinos, pues fue durante los años del terrorismo de Estado -la dictadura cívico-militar de 1976 a 1983- un lugar de encuentro de las familias de desaparecidos, donde se reunía la comunidad eclesiástica para coordinar acciones de denuncia y visibilización de lo que ocurría en el país.

El pasado jueves 21 de agosto se cumplieron veinte años de la decisión del entonces cardenal Jorge Bergoglio -futuro Papa Francisco- de autorizar que el jardín del templo acogiera un memorial donde tuvieran descanso permanente los restos de activistas de derechos humanos y religiosas francesas secuestradas y desaparecidas en aquel lugar en 1977. Luego de años de reclamo y búsqueda, en julio de 2005 se llevaron a cabo excavaciones que pudieron establecer las respectivas identidades de estas y otros secuestrados en el mismo lugar.

Fragmento del lienzo del arquitecto, pintor y abogado
Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz,
que presidió la celebración como retablo.
La ceremonia sobre y solemne se inició acompañada por los versos y la música de Silvio -Solo el amor- interpretados a guitarra por el párroco del templo, el padre Carlos Saracini, y coreados por los demás concelebrantes y presentes. Tras cada oración o acto de la liturgia, una estrofa, repetida, al más puro estilo de las ceremonias católicas, incluso dentro del templo, cuando la ceremonia pasó a celebrar la comunión. 

Según la crítica especializada, la canción Sólo El Amor, de Silvio Rodríguez, es una oda a la fuerza transformadora de este sentimiento humano. A través de una metáfora sutil, el cantautor cubano compara el amor con el elemento capaz de convertir la arcilla, una materia prima, en una obra perdurable y significativa. La repetición del verso "Sólo el amor alumbra lo que perdura" y "consigue encender lo muerto" enfatiza la idea de que el amor es la única fuerza capaz de dar luz y vida eterna a nuestras acciones y creaciones.

Silvio utiliza la imagen de la arcilla y el barro para hablar de la materia de la que estamos hechos y de nuestras obras en la vida. La insistencia en que se debe amar la arcilla "hasta la locura" sugiere una pasión y dedicación absolutas en todo lo que hacemos, ya que sin amor, cualquier esfuerzo es vano. La canción también invita a valorar el proceso y el tiempo dedicado a nuestros intentos, incluso aquellos que no brillan con éxito inmediato, ya que el amor tiene el poder de transformar lo ordinario en extraordinario.

No es la única invocación que Silvio le ha hecho en su obra. Recuérdese la canción Por quien merece amor, de 1984, en la que afirma:  "...Mi amor no es amor de mercado / Porque un amor sangrado / No es amor de lucrar / Mi amor es todo cuanto tengo / Si lo niego o lo vendo / ¿Para qué respirar?..", o aquella otra, El Problema, en el telúrico 1994, cuando advertía: "...El problema no es / darle un hacha al dolor / y hacer leña con todo y la palma / El problema vital es el alma / El problema es de resurrección / El problema señor será siempre sembrar amor".

Para la religión católica y la Biblia, el amor es un don divino, la esencia misma de su ser, y el principio de la creación y la vida humanaEs el amor sacrificial de Jesús, que se da por los demás, y se vive como una virtud teologal, que busca a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor a Dios, manifestándose en el servicio, la compasión y la preocupación por los demás; que es paciente, bondadoso, no envidioso ni orgulloso, no grosero ni egoísta, no se irrita ni guarda rencor, y se goza en la verdad en lugar de la maldad. 

Siguiendo una tradición
que se repite cada año,
una excepcional imagen
de la virgen María,
embarazada de su hijo
 Jesús, fue cubierta con un
pañuelo de las Madres
de Plaza de Mayo

En el sermón se recordó que entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, grupos de tareas de la Marina argentina desataron una cacería contra el grupo de activistas que se reunían en el templo. La planificación de esos secuestros había empezado mucho antes cuando el marino Alfredo Astiz se infiltró entre ellos, haciéndose pasar por hermano de un desaparecido.

El 8 de diciembre, cuando terminaban una reunión para organizar una colecta de dinero con el objetivo de publicar una solicitada en los diarios reclamando por la aparición de sus familiares, un grupo de tarea de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) secuestró a las Madres de Plaza de Mayo Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco, la monja francesa Alice Domon, y los militantes Ángela Auad, Gabriel Horane, Raquel Bulit y Patricia Oviedo. Ese mismo día, secuestraron a Remo Berardo en su casa, y a Horacio Aníbal Elbert y José Julio Fondevila en un bar donde solían encontrarse integrantes de la Santa Cruz. El plan terminó el 10 de diciembre de 1977 con el secuestro de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor y la monja francesa Léonie Duquet.

Alfredo Astiz fue la pieza central, se presentó ante las Madres de Plaza de Mayo con la identidad falsa de Gustavo Niño, hermano de desaparecido y comenzó a participar de las reuniones de los familiares. El «Ángel Rubio», como lo llamaban, proporcionó los datos que guiaron al grupo de tarea de la ESMA hasta la Santa Cruz y terminó su misión marcando a sus víctimas con un beso.

Durante más de diez días, el grupo de los 12 estuvieron secuestrados y expuestos a vejaciones infrahumanas en el centro clandestino de detención que funcionaba en la ESMA. Luego, fueron arrojados con vida al mar. Muchos de esos cuerpos fueron devueltos por la corriente y enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle. Fue el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) quién pudo identificar sus verdaderas identidades treinta y ocho años después.

Nuestra Embajada acompañó la liturgia a pedido de los familiares, por solidaridad mutua, y porque creemos profundamente en la universalidad de los versos de Silvio Rodríguez. Recordamos que el trovador los había cantado en 2004 ante una Plaza de Mayo desbordada, frente a la pirámide que guardaba ya las cenizas de la madre Azucena Villaflor y que acogería años después las de Hebe de Bonafini. A fin de cuentas, como aprendimos de Martí, de Fidel y del Che, los verdaderos revolucionarios deben estar guiados por grandes sentimientos de amor.


Solo el amor (1986).

Debes amar,La arcilla que va en tus manos,Debes amar,Su arena hasta la locuraY si no,No la emprendasQue será en vano
Sólo el amorAlumbra lo que perdura,Sólo el amorConvierte en milagro el barro
Debes amar,El tiempo de los intentos,Debes amar,La hora que nunca brillaY si noNo pretendas tocar lo cierto
Sólo el amorEngendra la maravilla,Sólo el amorConsigue encender lo muerto
Sólo el amorEngendra la maravilla,Sólo el amorConsigue encender lo muerto

Silvio, en vivo, en la Plaza de Mayo el 25 de Mayo de 2004, día de la Revolución de Mayo y primer aniversario de la llegada al poder del presidente Néstor Kirchner

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