De las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno...
La canción de Gardel viene a mis recuerdos esta noche otoñal habanera en que regreso a la tierra de mis amores y el avión se posa suave en la pista húmeda del aeropuerto internacional José Martí. Busqué la oscuridad narrada desde el aire. Hay luces por doquier, masivas en sectores, aisladas en resistencia. Nada mejor que la realidad para confirmar lo que se sabe: Cuba está viva. El tiempo ha blanqueado mi sienes pero la frente llega alta, sin temores al reencuentro tras una larga ausencia de seis años. Dejo atrás una pandemia, dos gobiernos, muchos desastres humanos y materiales, y nosotros permanecemos, impertérritos, a pesar de la guerra, de las carencias, del desgaste, de la austeridad. ¿De qué materia nos han hecho a los cubanos? La vida sigue siendo un soplo, pero mi esperanza no está escondida, ni se aferra a recuerdos del pasado. Todo bulle y se renueva. Habito otro país distinto del de 2019. La realidad se expresa en mi familia, en mis amigos, en mis compañeros de trabajo. Me tironea, sacude y lacera, pero también me alza, ilumina y cura. Recuerdo al del bigote ancho saltando al agua en Playitas. Evoco al gigante tirándose al mar en los Cayuelos. ¡Cuántas ganas de empujar esta isla en la tormenta! No hay refugio mejor para el cubano errante que la Patria. Volver es la felicidad. Nada más.
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