miércoles, febrero 21, 2024

SE PRESENTO EN FILH2024 MI LIBRO EL SILBO DE LA PALOMA

mediados del siglo XIX el resto de las naciones latinoamericanas se habían independizado de España y la vieja metrópoli se empeñaba en pacificar a la rebelde isla de Cuba. Para ello forzó la emigración de españoles pobres, procedentes en lo fundamental de Galicia y las Islas Canarias. Unos campesinos de la isla Gomera se lanzaron tras ese destino incierto en busca de bienestar y sueños que no alcanzaron, pero fundaron una familia que por varias generaciones echó raíces en el Caribe. Tradiciones, costumbres y lenguaje de los migrantes canarios se unen con historias orales campesinas cubanas para revelarnos, a través de la vida de una familia, algunas de las muchas aristas del proceso de surgimiento y desarrollo histórico de nuestra nación y su cultura.

Estas fueron mis palabras en la.presentacion de El silbo de la paloma, efectuada en la Calle de Madera, frente al Museo de la Ciudad, el 21 de febrero de 2024:

Buenos días

Después de más de 40 años de ejercicio periodístico, incursionar en la ficción produce vértigos, más cuando se ha transitado también por la comunicación política y por la Academia. Marta Rojas, que pudo revisar este libro en su etapa final, fue la que me dio el empujón definitivo para publicarlo. Su razonamiento fue demoledor: “si escribiste la historia de Conchita, estás listo para todo lo que venga”. Marta se refería al libro La Secretaria de la República, sobre la vida de Conchita Fernández, secretaria en su tiempo de Don Fernando Ortiz, de Eduardo Chibás y de Fidel Castro.

Lo que pasa es que hace 24 años, cuando escribí y se publicó La Secretaria… tuve que emprender un viaje de aprendizaje sobre las historias de vida, en el que tuve la guía de Miguel Barnet y la larga lista de lecturas que él, los historiadores Eusebio Leal y José Tabares del Real, las sociólogas Niurka Pérez y Marta Núñez y las maestras de periodismo Nuria Nuiry y Miriam Betancourt me forzaron a realizar, sin contar aquellas otras que la curiosidad propia me empujó a hacer.

Al calor de aquel aprendizaje y sus derivaciones teóricas que concluyeron en un doctorado y en un libro para la docencia universitaria, comprendí que las historias de vida, especialmente las de las “personas sin historia”, estaban constantemente en nuestra vida, y que tenía algunas mucho más cerca de lo imaginado. 

Esto marcó el nacimiento de El silbo de la paloma, que rescata la historia de una familia cubana real, algunos de cuyos descendientes están sentados hoy entre el público, proveniente en su totalidad de las islas Canarias, que emprende en Cuba la búsqueda de su Dorado. A partir de sus evidencias orales, preservadas por generaciones, y de investigaciones y estudios sobre historia, cultura y tradiciones del tiempo de cada uno de los personajes, comencé a recrear, imaginar, inventar y construir el relato.

La historia tiene su epicentro en el centro de la isla, y valgan todas las redundancias, por que es en tierras villareñas, o villaclareñas, donde se instaló y reside la mayor comunidad de descendientes de canarios, donde transcurren casi todos los hechos y donde se forma la estirpe de los Díaz. Y es en ese mismo espacio patrio donde anidan las más ricas tradiciones de oralidad en Cuba, que son consustanciales a nuestra espiritualidad, y sirven de base a historias de vidas sobre el ser cubano, tal y como las han defendido desde sus entrañas la profesora y escritora villaclareña Silvia Padrón y los jóvenes investigadores Alejandro Batista y Edelmis Anoceto.

De ese territorio provienen Samuel Feijoó y René Batista Moreno, y fue acogido y prohijado Onelio Jorge Cardoso. Es en Santa Clara donde los cuenteros del Club Umbrales y de la Academia Luz y Caballero recibieron de oyentes a estos y otros creadores. Y fue en los campos cercanos, donde todos ellos bebieron historias como la del Juan Candela de Onelio, aquel mentiroso capaz de matar al que le cortara un metro más a su majá, que Luis Machado Ordetx cree que es una alegoría del repentista Enrique Martínez Pérez, y que según mis testimoniantes, podían ser lo mismo Perico Hermosa que un tal Juan Marrero, con lo cual sospecho que todas aquellas exageraciones descomunales deben ser parte de la cultura popular villaclareña, de la que todos se sienten autores, deudores y copropietarios.

Alguien podría preguntar qué hace un habanero hociqueando por esos lares. Bueno, resulta que en materia de oralidad y de historias de vida los cubanos y los habaneros tenemos algunos privilegios, como el magisterio de Carolina Poncet, de los ya mencionados y queridísimos Miguel Barnet y Eusebio Leal, y de Francisco López Sacha, homenajeado en esta Feria del Libro, de quien he escuchado algunos de los cuentos más desopilantes. Y por supuesto, va en cierto modo la gratitud hacia esa habanera que fue Conchita Fernández, conversadora fascinante sobre el casi siglo que vivió, sin la cual nunca me habría metido en estas honduras literarias. Todos me fueron llevando al abismo, al que terminaron empujándome mi compañera y la editorial Boloña, de la mano de otra amiga del tiempo, Magda Resik, y de la editora Eliana Dávila y la diseñadora Gretel Ruiz-Calderón.

Así que, sin más, aquí está, ante ustedes, El Silbo de la paloma. Recíbanlo como un homenaje cariñoso que envío desde mi Habana natal y mis raíces peninsulares a todos ellos y a esa parte isleña de Cuba que tanto he recorrido como periodista y viajero, donde me aparecieron parientes y amigos que nunca veo, pero que siempre recuerdo, y donde reposan las cenizas de otro de mis maestros: Guillermo Cabrera Álvarez. 

Los que sepan, hagan ahora como los isleños canarios: anuncien la buena nueva, silbando.


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