El presidente de Estados Unidos, sus funcionarios, sus congresistas partidarios, sus operadores políticos y comunicacionales de Miami insisten con arriesgado énfasis en la existencia de una negociación con el gobierno cubano, con sus representantes, con un sector de estos y hasta con un traidor en sus filas, que habría aceptado las supuestamente irresistibles presiones, el recrudecido bloqueo, el chantaje global contra los exportadores de petróleo y las ofertas de salvación que habrían ofrecido negociadores norteños. Anuncian que algo grande pasará, que algo extraordinario se revelará, causando una expectativa mundial sin sustento e importunando el sueño de los corresponsales asentados en La Habana, cuyas casas matrices les exigen noticias que la realidad no ofrece y no ocurrirán.